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Constituyen características esenciales de nuestra espiritualidad: el misterio Trinitario como principio, hogar y meta; la dimensión Cristológico-Sacerdotal a partir del Corazón traspasado de nuestro Redentor; la dimensión mariana como vertiente ejemplar de amor, de misión y discipulado; la dimensión eclesial como misterio esponsalicio en el que se realiza el misterio y experiencia de comunión.

La vida espiritual del Operarios y su ministerio pastoral van unidos a aquel trabajo sobre sí mismo, que permite profundizar y recoger en armoniosa síntesis la formación espiritual, humana, intelectual y pastoral.

 



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Todo presbítero, también el de la Sociedad, centra su espiritualidad en el misterio de su participación ministerial de Cristo, con Quien ha sido configurado en el Orden, para configurarse en su vida ministerial con Él, el Siervo de Yahvéh, Profeta, Sacerdote y Víctima, rey desde la Cruz, y de cuyo costado abierto manó sangre y agua (cfr. Jn 19,34), símbolos del Bautismo y la Eucaristía , sacramentos por los que se edifica la Iglesia, su Esposa, según los leen los padres hasta hoy (cfr. SC 5b).

El sacerdote inspire su vida en la doctrina y en los frutos del sacramento recibido, que le incorpora al Colegio y así le da comunión en la misión divina universal del mismo, en la potestad sagrada y en las funciones ministeriales, en la vicariedad de Cristo ante los hombres y en la Sucesión Apostólica, en la íntima fraternidad sacerdotal y en la unidad de vida en el ministerio: todo para edificar crecientemente al “Christus totus”, la Iglesia, su Esposa.

El decreto “Presbiterorum Ordinis” del Concilio Vaticano II, es considerado documento magisterial fundamental para esta espiritualidad, a cuya luz se leerán con atención los textos litúrgicos y la enseñanza de los anteriores y ulteriores documentos del Magisterio, sobre todo el Magisterio Supremo.


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La espiritualidad sacerdotal de la Sociedad se encuadra en los principios básicos de santa fe católica, a saber:

El sacerdote Operario es enviado por el Padre, por medio de Jesucristo, para vivir y actuar con la fuerza del Espíritu al servicio de la misión de la Iglesia. Es enviado a realizar el misterio de comunión de la humanidad con el Padre por el hijo en el Espíritu Santo.

 

Su configuración existencial plena lo lleva a ser sacerdote según el Corazón de Cristo. El sacerdocio y Sacrificio Redentor de Jesucristo, el verbo Encarnado, el Único Mediador Universal, que “murió por nosotros” (Rm 5,8); e instituyó a algunos de sus fieles en misioneros Suyos y los envió.

Para el sacerdote Operarios, configurado con Cristo Sacerdote, María es ejemplo de docilidad y de fidelidad en la comunicación de los frutos de la Redención: además, existe una cercanía inigualable a la Madre de Dios.

El Espíritu Santo por el sacramento del Orden hace participar al presbítero del Ser y de la misión de Cristo para realizar la Comunión Eclesial: se está al servicio de la comunión, se es Servidor de la comunión, se posee el alma de la comunión.

Esta espiritualidad encuentra su desarrollo en el Directorio Espiritual de la Sociedad. En sus fundamentos es Trinitaria, Cristocéntrica, Mariana y Eclesial; se resume en la fórmula que nos dejó nuestro fundador.


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Madre de la Confraternidad es la Santísima Virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe, en cuyo regazo ha nacido. Se celebra el 12 de diciembre.

El elenco de Patronos especiales se encuentra en el Directorio Espiritual.

 

 

 


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El Operario del Reino de Cristo para renovarse siempre en el espíritu propio de la Sociedad, en su programa sacerdotal y de oración y trabajo, y para mejor realizar la misión de ayudar a construir el Templo Vivo que la Virgen pide en el acontecimiento y en su mensaje del Tepeyac, podrá disponer de una Casa, donde temporal o definitivamente, pueda llevar vida más intensa de oración de penitencia y trabajo.

 



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Esta espiritualidad la enmarcamos en el acontecimiento y mensaje de Santa María de Guadalupe: Templo Vivo como signo, misterio de comunión y misión.